Defender el sexo como una trinchera
defenderlo del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas
defender el sexo como una cuestión de principios
defenderlo del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos
defender el sexo como una bandera
defenderlo del rayo y la melancolía
de las ingenuas y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias
defender el sexo como un destino
defenderlo del fuego y de los bomberos
de las suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar calientes
defender el sexo como una certeza
defenderlo del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la lujuria
defender el sexo como un derecho
defenderlo de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y, en este caso, sí,
entregarse sin mesura
A mi admiradísimo Mario Benedetti
Otraelena — 21-06-2006 19:18:41
Azul — 22-06-2006 16:24:09
elena — 22-06-2006 18:12:28
disgresor — 23-06-2006 20:08:09
Insanity — 25-06-2006 04:56:08
maRia — 25-06-2006 13:15:39
disgresor — 26-06-2006 01:33:10