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Agridulces noches al norte de los Pirineos

Archivado en deslumbramientos • Fecha: 16-06-2006 00:48:31

El fin de semana pasado estuve en el sur de Francia para unos asuntos que no vienen al caso. Iba en compañía de varias personas, entre ellas S., una buena amiga. Teníamos que pasar dos noches en el evento al que asistimos, la primera en un alojamiento con habitaciones dobles y la segunda en otro con habitaciones de dos camas pero en las que teníamos que acomodarnos cuatro personas.

La primera noche todo fue perfecto, tras un prolongado cruce de miradas y sonrisas quedó claro que compartiríamos una de las habitaciones dobles mi amiga S. y yo. No me sorprendió, no era la primera vez que nos acostábamos y supongo que tampoco será la última. Es una persona con la que he disfrutado mucho cada vez que hemos tenido relaciones sexuales. Tenemos gustos complementarios y un buen feeling, que se completa con una conversación ingeniosa y algún toque de humor.

Como se que os gustan los detalles os diré que follamos un buen rato en cuanto nos acostamos. Como yo tenía muchas ganas de penetrarla y ella me animaba constantemente con frases y gemidos, puse mucha energía y al final terminamos como si hubiesemos coronado el Everest, reventados de placer y orgullosos de nuestra hazaña.

Al amanecer ella me despertó con caricias cariñosas, demorándose en aquellas partes de mi cuerpo que indican claramente que no se trataba sólo de un tierno escarceo. Así que, aunque yo no estaba especialmente excitado, me puse manos a la obra y me dediqué a mi desayuno favorito: pasear la lengua diligentemente entre sus labios y el clítoris de forma sucesiva y con diferente intensidades mientra sorbo con deleite (podeis creer que me gusta realmente) el líquido que ella tenía a bien regalarme. Le comí el coño sin prisas, mientras aplicaba los dedos primero en su orificio vaginal, después en el anal y finalmente en ambos con un movimiento acompasado al subir y bajar de sus caderas, hasta que se corrió.

Después S. estuvo todo el día haciéndome gestos de broma desde lejos porque, según había comentado poco antes de que nos levantáramos, tenía todo el cráneo dolorido de pequeños chichones producidos al golpearse repetidamente con el cabecero de la cama por efecto de mis acometidas de la noche anterior.

Por mi parte había coincidido en la mesa de trabajo, justo delante de una chica H., representante de una organización británica, a la que había conocido un año antes. Esta era la tercera vez que nos veiamos y también entablamos un cierto jueguecito de coqueteo, aunque muy ligero. El caso es que era una de las personas que participaría en el previsible reparto de camas que teníamos que hacer aquella noche entre un grupo de conocidos y desconocidos y aquello me daba cierto morbo. Aunque a decir verdad, yo tenía el convencimiento de que volveríamos a coincidir mi amiga, la de los chichones, y yo.

El caso es que en un momento dado de la noche en la que ya nos habíamos entregado a la conversación de la sobremesa nocturna tras la cena, decidí retirarme a la cama, porque cada vez llevo peor la combinación de trabajo y falta de sueño y la noche anterior no había sido precisamente de descanso. Para mi sorpresa, H., la chica de la organización inglesa, también se levantó y dijo que estaba cansada y me acompañó a los dormitorios. Había dos y al llegar yo me metí en el que había colocado mi equipaje y ella en el otro. Al entrar en la habitación me di cuenta de que las dos camas estaban ya ocupadas por unos tipos, a los que sólo conocía de vista y con los que no me apetecía para nada compartir cama, así que agarré mis arreos nocturnos y me dirigí a la otra habitación.

Al verme entrar H. se sorprendió pero en seguida empezó a reirse a carcajadas cuando le expliqué mi sorpresa al encontrarme las camas de la otra habitación ocupadas. Me metí en la cama que quedaba libre y vi que H. tenía ganas de conversación. Empezó a hacerme una pregunta y otra hasta que por fin fue al grano y me preguntó ¿y S., no viene a acostarse contigo? En ese momento sentí un profundo deseo de decirle "No preciosa, aquí basta con nosostros dos" pero no quise agraviar a S. con el lamentable espectáculo de sorprenderme retozando con H., aunque reconozco que el lado canalla del asunto me atraia.

Al final me quedé dormido y cuando desperté por la mañana estaba solo en la habitación. H. me miró con cara burlona durante el desayuno y S. se acercó cariñosamente para darme a entender que como no me había encontrado en la otra habitación y pensando que me habría salido otro plan, se había acostado castamente con uno de los tipo que ocupaban las camas.

Quien sabe.

Escrito por devotisimo@yahoo.es
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Comentarios

  1. Los mejores hombres de mi sexo, me follan con sus palabras, mi mente y mis dedos.

    Otraelena — 16-06-2006 18:04:15

  2. Querida Otraelena, ahora entiendo el origen de la humedad y el maravilloso olor cuando paseo mis dedos por el teclado.

    disgresor — 16-06-2006 19:43:32

  3. he leido esto justo antes de dormirme...pero creo q aún no dormire ;)
    Qué recuerdos , jajajaja

    elena — 19-06-2006 02:23:38

  4. Encantado de acompañarte en tu vigilia, si tu router me lo permite (será celoso!) ;)

    disgresor — 21-06-2006 01:27:48


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