Soy un gran aficionado a las artes adivinatorias. Me gustan prácticamente todas las diferentes modalidades de predecir el futuro: las cartas del tarot, la lectura de manos, la interpretación de los posos de café,... pero de todas ellas, la técnica en la que he llegado a tener una mayor maestría es la cunimancia. La cunimancia consiste en interpretar el futuro a través del mensaje oculto en los pliegues de los labios vaginales.
Cuando quiero conocer lo que me depara el futuro inmediato de mi relación sexual con una amiga, me coloco a los pies de la cama y la arrastro hacia mi, agarrándola firmemente por la cintura. A continuación procedo a despojarla con suavidad de sus bragitas de suave encaje (a ser posible) y le separo dulcemente las piernas, dejando al descubierto su zona púbica.
Coloco mi dedo índice justo debajo de su ombligo y trazo una línea lentamente hacia abajo paseándome por su vientre para aumentar la presión justo al rebasar su clítoris, de forma que sus labios mayores se separen brevemente, lo que suele provocar una ligera, pero evidente, secreción de húmedos fluidos.
A continuación se repite un movimiento inverso, pero esta vez con la lengua, de forma que se recorra sin pausa, una y otra vez, rítmicamente, el espacio que va desde el orificio anal al clítoris. Siguiendo una determinada cadencia que varía de una mujer a otra y que es necesario intuir en función de determinados arcanos cifrados en forma de suspiros y del primigenio lenguaje no verbal de las caderas femeninas.
Esta segunda acción provoca un evidente efecto de apertura vaginal que termina dejando expedito el acceso a los labios menores, auténticos órganos portadores de la verdad a revelar. Los labios menores humedecidos conforman un laberinto palpitante y dinámico que cambia continuamente a medida que la lengua se pasea por él. De forma que una vez introducida suele ser dificultoso encontrar la salida, porque a cada movimiento y a cada giro el dibujo cambia, haciendo prácticamente
imposible saber si el camino recorrido es nuevo o ya se ha pasado una docena de veces sobre él.
Es precisamente esta capacidad camaleónica de cambiar espontánea y continamente su forma como respuesta a los estímulos de mi lengua lo que me hizo sospechar en su momento que podían tener esta utilidad cognitiva del futuro. Y mi experiencia posterior no ha hecho más que confirmarme esta primera revelación.
Así, hay labios que en los que la mezcla de secreción y saliva se ve rápidamente succionada hacia el interior de la vagina lo que suele ser signo inequívoco de un deseo de penetración inmediata, mucho más explícito que cuando agarrándote del pelo acercan su boca al oido y te dicen, "basta ya de preambulos y fóllame de una puta vez".
En otros casos el viscoso fluido se queda vagando entre los intersticios labiares, sin rumbo fijo. Lo que indica, también a las claras, que mi amiga desea ser acompañada al orgasmo por las placenteras caricias de mi lengua.
Por último, existen casos en los que los labios se cierran. Dejando escurrir el líquido hacia abajo, yendo finalmente a perderse en las oscuridades de la cavidad anal, que con un rítmico movimiento casi imperceptible de apertura y cierre solicita de la polla una suave pero decidida introducción que convierta en placer esta espontánea lubricación.
Otraelena — 13-05-2006 00:06:18
missflower — 13-05-2006 20:28:11
disgresor — 13-05-2006 22:53:47
Otraelena — 14-05-2006 15:05:22
mer — 14-05-2006 17:46:59
disgresor — 14-05-2006 19:52:14
Azul — 14-05-2006 20:03:48
luces — 14-05-2006 22:30:25
disgresor — 17-05-2006 00:30:57
luces — 17-05-2006 17:19:06
elena — 17-05-2006 17:45:59
disgresor — 17-05-2006 18:28:37